PARTE 2 Lucía llegó a la escuela antes de las siete de la mañana. No pidió permiso. Fue directamente al archivo. Si Valeria había aparecido por primera vez en 1984, algo tenía que haber ocurrido aquel año. Revisó expedientes, actas y periódicos antiguos. Hasta que encontró una carpeta gris. Dentro había un recorte amarillento. El titular decía: “INCENDIO EN ESCUELA PRIMARIA DEJA UNA MENOR FALLECIDA.” Lucía comenzó a leer. El incendio había comenzado en el antiguo salón de música durante un festival escolar. Una falla eléctrica provocó que las cortinas se incendiaran. El humo se extendió rápidamente. En medio de la confusión, una niña de nueve años regresó al edificio. Su nombre era Valeria Cruz. Lucía sintió un nudo en la garganta. Según la nota, Valeria había corrido hacia la campana de emergencia y la activó para alertar a quienes todavía estaban dentro. Doce niños lograron salir. Ella no. El humo la alcanzó antes de llegar a la puerta. —Así que la encontraste. Lucía volteó. La maestra Marta estaba detrás de ella. —Usted sabía quién era. La mujer asintió. —Yo estaba ahí. Se sentó lentamente. —Tenía ocho años. Lucía comprendió. —¿Valeria la salvó? Los ojos de Marta se llenaron de lágrimas. —A mí y a otros once. Después del incendio, explicó, comenzaron los rumores. Cada cierto número de años alguien aseguraba haber visto a Valeria. Una niña caminando cerca del salón de música. Una melodía de piano cuando el edificio estaba vacío. Y luego estaban las fotografías. —¿Por qué nadie dijo nada? —Porque teníamos miedo. —Ella no está intentando asustarnos. Marta la miró. Lucía sacó el teléfono y mostró la fotografía de Emma. —Está señalando el gimnasio. ⸻ El festival comenzaría a las diez. Más de doscientas personas estarían dentro. Lucía fue con el director. —Necesitamos revisar el gimnasio. —No voy a cancelar un evento por una fotografía. —Entonces déjeme revisarlo. Finalmente aceptó que un trabajador de mantenimiento la acompañara. Entraron. Todo parecía normal. Hasta que el hombre se detuvo. —¿Huele eso? Lucía también lo percibió. Plástico quemado. Revisaron detrás del escenario. Uno de los contactos eléctricos estaba ennegrecido. Después encontraron algo peor. Sobre la estructura que sostenía las luces había una grieta. Una de las bases metálicas se había separado parcialmente del techo. Llamaron a un electricista. Su conclusión fue inmediata. —Aquí no puede entrar nadie. Una instalación defectuosa estaba sobrecalentando el cableado. Además, parte de la estructura de iluminación podía desprenderse. El director canceló el festival. Ordenó evacuar el gimnasio y alejar a los alumnos del edificio. Lucía buscó a Emma. La encontró con su grupo en el patio. —¿Dónde está Valeria? Emma miró alrededor. —No sé. Entonces ocurrió. CLANG. Todos guardaron silencio. CLANG. La vieja campana de emergencia comenzó a sonar. El director palideció. —Esa campana está desconectada. CLANG. CLANG. CLANG. Emma agarró la mano de su madre. —Es ella. Segundos después se escuchó una explosión seca dentro del gimnasio. Las luces parpadearon. Un cortocircuito provocó una llamarada detrás del escenario. Y entonces una sección completa de la estructura de iluminación cayó sobre las primeras filas de sillas. Exactamente donde los niños habrían estado sentados. Nadie resultó herido. ⸻ Durante los días siguientes, Lucía intentó encontrar nuevamente a Valeria. Emma también. Nunca apareció. Cuando el fotógrafo volvió a enviar la imagen escolar corregida, Lucía abrió el archivo. Se quedó observándolo durante varios segundos. Detrás de Emma no había nadie. Valeria había desaparecido. Lucía corrió al archivo. Sacó la fotografía de 2011. Nada. Nada. Finalmente tomó la de 1984. El espacio donde Valeria había estado durante cuarenta años ahora estaba vacío. Solo quedaba una pequeña separación entre dos alumnos. Como si alguien hubiera abandonado la fotografía. ⸻ Una semana después, la escuela decidió abrir temporalmente el antiguo salón de música. Limpiaron el lugar y colocaron una pequeña placa junto a la entrada. VALERIA CRUZ En memoria de la niña cuya valentía salvó doce vidas. Emma entró de la mano de su madre. El viejo piano seguía ahí. Cubierto por una capa de polvo. Sobre las teclas encontraron algo. Un listón amarillo. Perfectamente doblado. Emma lo tomó entre sus manos. —Mamá… Lucía la miró. —¿Crees que ya se fue? Lucía observó las fotografías que habían colocado junto a la placa. Por primera vez en cuarenta años, ninguno de los niños parecía mirar con miedo hacia el fondo. Lucía acarició el cabello de su hija. —Creo que solamente estaba esperando que alguien escuchara su última advertencia. Emma dejó nuevamente el listón sobre el piano. Salieron del salón. Lucía apagó la luz. Cerró la puerta. Y comenzaron a caminar por el pasillo. Entonces, detrás de ellas… una sola tecla del piano sonó en la oscuridad. Emma se detuvo. Lucía también. Ninguna volteó. Esta vez no sintieron miedo. Porque ambas sabían quién acababa de despedirse. Navegación de entradas La casa de enfrente llevaba años vacía… hasta que vi mi foto en la ventana 1 2